Anesis Sensory Hub

Cuando el berrinche no es un berrinche

· Psic. Diana Iglesias
Sala Snoezelen de Anesis Sensory Hub

Casi todas las familias que llegan a Anesis traen la misma escena descrita de formas distintas: el niño en el piso del supermercado, el grito que no cede, la sensación de haber probado todo sin que nada funcione.

Lo primero que hacemos no es dar una técnica. Es separar dos cosas que se ven casi idénticas desde afuera y que necesitan respuestas opuestas: una rabieta y un desborde sensorial. La confusión entre ambas explica por qué tantas estrategias razonables fracasan en casa.

Dos escenas que se parecen y no son lo mismo

Una rabieta tiene una intención: hay algo que el niño quiere obtener o evitar, y el llanto es una herramienta de negociación. Hay cálculo, aunque sea inmaduro. El niño mira, mide y ajusta. Cuando la meta desaparece o se consigue, la conducta se apaga.

Un desborde no tiene intención. Es una descarga: el sistema nervioso recibió más información de la que podía procesar y perdió la capacidad de organizarse. No hay negociación posible porque no hay nadie con quien negociar en ese momento — la parte del cerebro que negocia está temporalmente fuera de servicio.

Un niño en desborde no está eligiendo portarse mal. Está sobreviviendo a una cantidad de estímulo que no puede procesar.

Cómo distinguirlas en el momento

No siempre es posible saberlo con certeza, pero hay señales que orientan bastante bien:

  • La mirada. En la rabieta el niño verifica si lo estás viendo. En el desborde no registra que estás ahí.
  • El disparador. La rabieta responde a un «no». El desborde suele aparecer después de acumulación: ruido, luces, gente, cansancio.
  • El cierre. La rabieta termina cuando cambia la situación. El desborde necesita tiempo de descarga y deja agotamiento después.
  • El cuerpo. En el desborde hay señales físicas: taparse oídos, buscar presión, huir del lugar.

Para llevar a casa. Antes de decidir cómo responder, hazte una sola pregunta: ¿mi hijo está pidiendo algo o está descargando algo?

  • Si pide: sostén el límite con calma, sin discurso largo.
  • Si descarga: baja el estímulo, reduce las palabras y acompaña en silencio.

Por qué «usa la técnica X» no alcanza

Las estrategias de disciplina positiva están pensadas para una rabieta: asumen un niño capaz de escuchar, procesar y elegir. Aplicadas durante un desborde, agregan estímulo a un sistema que ya está saturado. No es que la técnica sea mala — es que está resolviendo el problema equivocado.

Nota clínica. Distinguir rabieta de desborde es una lectura funcional, no un diagnóstico. Un patrón sostenido de desbordes amerita una evaluación del perfil sensorial, no una conclusión sacada de un artículo.

En el trabajo con familias lo abordamos al revés de como suele plantearse: primero mapeamos qué carga sensorial acumula el día, después ajustamos el entorno y las rutinas, y solo entonces trabajamos herramientas de regulación. Pedir autocontrol a un sistema saturado es pedirle que corra con el tobillo torcido.

Qué sí ayuda, en orden

  1. Reducir la entrada: menos ruido, menos luz, menos personas hablando.
  2. Regular tu propio cuerpo antes de intervenir: tu calma es información para su sistema.
  3. Ofrecer presión profunda o movimiento si el niño ya lo tiene identificado como regulador.
  4. Conversar después, nunca durante. El aprendizaje ocurre con el sistema ya regulado.

Nada de esto elimina los desbordes. Lo que cambia es la frecuencia, la duración y —sobre todo— lo que la familia entiende que está pasando. Ese cambio de lectura suele traer más alivio que cualquier técnica.

Si el patrón se repite, una evaluación del perfil sensorial da respuestas más precisas que un artículo.

Psic. Diana Iglesias
Escrito por
Psic. Diana Iglesias
Representante Técnica