Procesar lo que quedó atrapado.
EMDR es un abordaje con respaldo científico para experiencias traumáticas que el sistema nervioso no terminó de integrar, adaptado a niños y adolescentes.
La terapia EMDR en Cuenca forma parte de nuestro trabajo en psicología clínica. Se aplica cuando una experiencia difícil —un accidente, una pérdida, una hospitalización, acoso escolar, una situación de violencia— sigue produciendo efectos mucho después de haber terminado.
Qué es EMDR
EMDR son las siglas en inglés de Desensibilización y Reprocesamiento por Movimientos Oculares. Es un abordaje psicoterapéutico desarrollado a finales de los años ochenta y hoy recomendado por la Organización Mundial de la Salud para el tratamiento del trastorno de estrés postraumático en niños, adolescentes y adultos.
Su punto de partida es que algunas experiencias no se archivan como recuerdos ordinarios. Quedan almacenadas junto con las sensaciones, emociones y creencias del momento en que ocurrieron, y siguen activándose ante estímulos que se les parecen. La persona no está «recordando»: está reviviendo.
El trabajo con EMDR consiste en reactivar ese recuerdo en un contexto seguro mientras se aplica estimulación bilateral —habitualmente movimientos oculares, también sonidos o toques alternados— para que el sistema pueda terminar de procesarlo. El recuerdo no desaparece: deja de doler como dolía.
Por qué se supone que funciona
El modelo que sostiene el abordaje se llama Procesamiento Adaptativo de la Información. Propone que el cerebro tiende de forma natural a integrar lo que vive, y que una experiencia demasiado intensa puede interrumpir ese proceso y dejar el recuerdo sin terminar de digerir, con su carga sensorial y emocional intacta. Lo que se busca en las sesiones no es añadir nada nuevo, sino destrabar algo que quedó a medias.
Sobre el mecanismo concreto de la estimulación bilateral todavía hay discusión entre investigadores. La hipótesis con más respaldo experimental es la de la carga en memoria de trabajo: evocar el recuerdo mientras se realiza una tarea que exige atención hace que la imagen se vuelva menos vívida y menos perturbadora, y en ese estado se vuelve a almacenar. Que el mecanismo siga en debate no invalida los resultados clínicos, pero preferimos decirlo con claridad: hoy se sabe mejor qué ocurre que por qué ocurre.
Qué no es EMDR
No es hipnosis. La persona está despierta, consciente y con control de la sesión en todo momento. Puede parar cuando lo necesite, y esa posibilidad se explica desde el inicio.
No borra recuerdos. No cambia lo que pasó ni hace que se olvide. Cambia la forma en que ese recuerdo está almacenado y, con ello, la intensidad con la que se activa hoy.
No es una técnica suelta. Es un protocolo de ocho fases, y las primeras —historia clínica, planificación y preparación— ocupan buena parte del trabajo antes de que se procese el primer recuerdo. Aplicar la estimulación bilateral sin ese armado previo no es EMDR.
Qué dice la evidencia
La Organización Mundial de la Salud lo recomienda desde 2013 para el tratamiento del estrés postraumático, junto con las terapias cognitivo-conductuales centradas en el trauma. En población adulta la evidencia es sólida y consistente.
En niños y adolescentes el panorama es más matizado, y vale la pena conocerlo antes de empezar. Las guías internacionales suelen situar en primer lugar la terapia cognitivo-conductual centrada en el trauma y recomendar EMDR como alternativa con buen respaldo, sobre todo cuando el abordaje verbal no funciona, cuando el niño no quiere narrar lo ocurrido o cuando la familia prefiere otra vía. Los mejores resultados están documentados en hechos traumáticos únicos y relativamente recientes; en situaciones sostenidas en el tiempo —violencia crónica, negligencia, adversidad acumulada— el proceso es más largo y la evidencia disponible, más limitada.
Lo decimos así de explícito porque buena parte del ruido alrededor de EMDR viene de presentarlo como una técnica que resuelve cualquier cosa en pocas sesiones. No lo es.
EMDR con niños y adolescentes
El protocolo se adapta sustancialmente en población infantil: se apoya en juego, dibujo y narrativa, las sesiones son más breves y el trabajo con quienes cuidan es central, porque la sensación de seguridad del niño depende directamente de los adultos que lo rodean.
Con los más pequeños, buena parte del trabajo se hace a través de la familia: si quien cuida sigue desbordado por lo que pasó, el niño lo registra antes que cualquier explicación. Con adolescentes hay más espacio para el trabajo individual, y suele ser un formato bien tolerado justamente porque no obliga a relatar el hecho en detalle.
En infancia, EMDR nunca se aplica de forma aislada. Va dentro de un plan que incluye regulación, trabajo familiar y, si hace falta, coordinación con la escuela.
Cómo lo trabajamos en Anesis
Los procesos de EMDR del centro los lleva Diana Iglesias, psicóloga y representante técnica de Anesis, con formación específica en el abordaje.
Como el resto de las intervenciones, cada caso pasa antes por el ateneo clínico del equipo: se revisa en conjunto qué está ocurriendo y en qué orden conviene intervenir. A veces la conclusión es que EMDR no es el punto de partida y que primero hace falta trabajo de regulación, apoyo sensorial o acompañamiento a la familia. Cuando es así, lo decimos.
Qué esperar
No es una técnica rápida ni mágica. Antes de procesar ningún recuerdo hay una fase de preparación, que a veces es la más larga del proceso, en la que se construyen recursos de regulación suficientes para sostener el trabajo.
También conviene anticipar que puede haber movimiento entre sesiones: sueños, recuerdos que reaparecen, días más sensibles. Es parte del procesamiento y se acompaña; por eso la familia recibe pautas concretas para esos días y un canal para consultar si algo preocupa.
Cuándo puede estar indicado
- Accidentes, intervenciones médicas u hospitalizaciones que dejaron una marca persistente
- Pérdidas o duelos que no terminan de elaborarse
- Situaciones de acoso escolar, violencia o negligencia
- Pesadillas recurrentes, sobresaltos o evitación de lugares y situaciones concretas
- Reacciones de miedo desproporcionadas ante estímulos que recuerdan lo ocurrido
- Cambios bruscos de conducta o de ánimo a partir de un hecho identificable
Cómo es el proceso
-
1
Historia y planificación
Identificamos qué experiencias están activas, cómo se manifiestan hoy y en qué orden conviene abordarlas. Aquí también se decide si EMDR es el abordaje indicado o si conviene empezar por otro lado.
-
2
Preparación y recursos
Antes de tocar el recuerdo se construyen herramientas de regulación. Sin esa base, el procesamiento desborda en lugar de aliviar. En niños, esta fase suele incluir a la familia.
-
3
Procesamiento
Sesiones de reprocesamiento con estimulación bilateral, adaptadas en formato y duración a la edad del niño. Se avanza recuerdo por recuerdo, comprobando en cada paso cómo responde.
-
4
Integración y cierre
Se consolida lo trabajado, se revisa cómo responde ante los disparadores que antes lo activaban y se cierra el proceso o se pasa al siguiente objetivo.
Quién lo acompaña
Preguntas frecuentes
Existen adaptaciones del protocolo para preescolares, aunque en los más pequeños buena parte del trabajo se hace a través de quienes cuidan. La indicación se decide caso a caso.
No es necesario relatar el hecho con detalle. Ese es uno de los motivos por los que EMDR resulta tolerable para muchos niños que no quieren o no pueden narrar lo ocurrido.
Varía mucho. Un hecho único y reciente puede resolverse en pocas sesiones de procesamiento; experiencias repetidas o sostenidas en el tiempo requieren un proceso considerablemente más largo. Después de la fase de historia y preparación damos una estimación realista, no antes.
No. En EMDR la persona está despierta y consciente durante toda la sesión, recuerda lo que ocurrió en ella y puede detener el trabajo en cualquier momento.
Puede haber activación entre sesiones —sueños, irritabilidad, recuerdos que reaparecen— y es parte esperable del procesamiento. Precisamente para eso existe la fase de preparación: no se abre un recuerdo hasta que hay recursos para sostenerlo, y la familia recibe pautas para acompañar esos días.
No. EMDR es una herramienta dentro de un proceso terapéutico, no un proceso completo en sí mismo. En Anesis se integra al plan de psicología clínica y se coordina con las demás disciplinas del centro cuando el caso lo requiere.
Para seguir leyendo
Conversemos si creen que puede ayudar
En la primera entrevista valoramos si EMDR está indicado en este caso o si conviene empezar por otro abordaje.