Terapia ocupacional y entornos multisensoriales: una combinación que necesita objetivos, no promesas
No es lo mismo estimulación sensorial que terapia ocupacional
La terapia ocupacional busca favorecer la participación de la persona en actividades significativas: jugar, aprender, vestirse, alimentarse, desplazarse, relacionarse o desarrollar mayor independencia. Los estímulos sensoriales pueden formar parte de este proceso, pero no constituyen por sí solos una intervención completa.
De igual manera, Snoezelen y la Integración Sensorial de Ayres no son sinónimos. Snoezelen describe un entorno multisensorial adaptable que puede emplearse con fines de exploración, bienestar, participación o regulación. La Integración Sensorial de Ayres es un modelo terapéutico específico, aplicado por profesionales formados, que utiliza actividades activas y desafíos graduados dentro de una relación terapéutica.
Confundir estos conceptos puede generar expectativas incorrectas y dificultar la evaluación de resultados.
¿Existe evidencia sobre Snoezelen combinado con terapia ocupacional?
La investigación directa es muy limitada. Uno de los trabajos más citados sobre el uso de Snoezelen dentro de terapia ocupacional incluyó únicamente a tres adultos autistas con discapacidad intelectual. Aunque se observaron cambios en participación durante algunas actividades, una muestra de tres personas no permite concluir que la combinación sea eficaz para una población amplia.
Un estudio piloto más reciente, desarrollado por De Domenico y colaboradores, integró un entorno multisensorial con tratamiento psicomotor en 20 niños pequeños con autismo. Los resultados mostraron cambios favorables en ciertas respuestas sensoriales y en motricidad gruesa. Sin embargo, no se trató específicamente de terapia ocupacional y no es posible separar el efecto de la sala del efecto de la intervención psicomotriz.
Por tanto, actualmente no existe un ensayo amplio que demuestre que «Snoezelen más terapia ocupacional» sea superior a terapia ocupacional bien estructurada sin Snoezelen.
Lo que enseña la investigación sobre Integración Sensorial de Ayres
Una revisión sistemática publicada por Schoen y colaboradores concluyó que existía respaldo para la Integración Sensorial de Ayres en niños autistas de 4 a 12 años. No obstante, de todos los trabajos revisados, solamente tres alcanzaron los criterios metodológicos finales. La conclusión positiva se apoyaba, por tanto, en un conjunto pequeño de investigaciones.
Posteriormente se publicó SenITA, el ensayo pragmático más grande realizado sobre terapia de integración sensorial en niños con autismo y dificultades de procesamiento sensorial. Participaron 138 niños de 4 a 11 años. Después de 26 semanas, no se encontraron diferencias entre el grupo tratado y la atención habitual en irritabilidad, conducta adaptativa, socialización, calidad de vida o bienestar.
Las familias del grupo de intervención sí reportaron avances en objetivos individualizados. Sin embargo, como los mismos datos no se recogieron adecuadamente en el grupo de comparación, no fue posible determinar cuánto de esa mejoría se debía específicamente al tratamiento.
En contraste, un ensayo brasileño de Omairi y colaboradores, con 17 niños, encontró mejoras en autocuidado, funcionamiento social y consecución de objetivos. Este resultado es alentador, aunque su muestra pequeña limita la posibilidad de generalizarlo.
¿La evidencia es positiva o negativa?
La respuesta más rigurosa es que la evidencia es mixta.
Los estudios pequeños muestran que algunos niños pueden obtener mejoras relevantes, especialmente en metas funcionales individualizadas. El estudio más grande no encontró beneficios generales frente a la atención habitual. Esto no significa que ningún niño pueda beneficiarse, pero sí que la intervención no debería ofrecerse como una solución universal.
También sugiere que las medidas generales pueden no capturar todos los cambios significativos para una familia. Aprender a tolerar el cepillado de dientes, permanecer en una actividad escolar, vestirse con menos ayuda o recuperarse más rápidamente de una sobrecarga puede ser muy valioso, aunque no cambie inmediatamente una puntuación global de conducta adaptativa.
Del «sistema sensorial» a la participación cotidiana
Expresiones como «mejorar los sistemas sensoriales» pueden resultar confusas. La mayoría de los estudios no demuestra una modificación estructural del sistema visual, auditivo, vestibular, propioceptivo o táctil. Lo que se evalúa son cambios en conducta, tolerancia, autonomía, regulación, cumplimiento de objetivos y participación.
Por ello, es más preciso hablar de:
- Apoyo a la regulación sensorial.
- Mayor participación en actividades cotidianas.
- Desarrollo de estrategias de autorregulación.
- Mejor tolerancia a experiencias específicas.
- Avances en autonomía y desempeño funcional.
¿Cómo se construye una intervención responsable?
Una intervención debería incluir una evaluación inicial, objetivos acordados con la familia, actividades vinculadas a la vida cotidiana y medidas de seguimiento. Si se utiliza una sala multisensorial, esta debe estar al servicio de esos objetivos.
Por ejemplo, si el objetivo es mejorar la participación escolar, no basta con que el niño se relaje dentro de la sala. Es necesario comprobar si después puede realizar una transición, permanecer en una tarea, comunicar que necesita una pausa o regresar al aula con menor malestar.
También deben considerarse posibles respuestas adversas. Un estímulo visual, auditivo o vestibular agradable para una persona puede resultar aversivo o desorganizador para otra. Más estimulación no significa necesariamente mejor intervención.
El enfoque de Anesis
En Anesis Sensory Hub, la terapia ocupacional y la sala Snoezelen pueden dialogar dentro de un plan individual, pero mantienen funciones claramente definidas. El punto de partida son las necesidades funcionales de la persona, no el equipamiento disponible.
La experiencia multisensorial puede utilizarse para conocer preferencias, facilitar una transición, practicar estrategias de regulación o crear condiciones de participación. El resultado debe evaluarse dentro y fuera de la sala.
La meta no es que el niño «tolere todo» ni que se comporte de una forma más cómoda para los adultos. La meta es aumentar su bienestar, comunicación, autonomía y posibilidad de participar en ocupaciones significativas.
Aviso: la elección de una intervención sensorial debe realizarse a partir de una valoración profesional y revisarse según la respuesta y los objetivos funcionales de cada persona.
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Referencias
- Randell, E., McNamara, R., Delport, S., et al. (2022). Sensory integration therapy for children with autism and sensory processing difficulties: The SenITA RCT. Health Technology Assessment, 26(29), 1–140. https://doi.org/10.3310/TQGE0020
- Schoen, S. A., Lane, S. J., Mailloux, Z., et al. (2019). A systematic review of Ayres Sensory Integration intervention for children with autism. Autism Research, 12(1), 6–19. https://doi.org/10.1002/aur.2046
- Omairi, C., Mailloux, Z., Antoniuk, S. A., & Schaaf, R. C. (2022). Occupational Therapy Using Ayres Sensory Integration: A Randomized Controlled Trial in Brazil. American Journal of Occupational Therapy, 76(4). https://doi.org/10.5014/ajot.2022.048249
- De Domenico, C., Di Cara, M., Piccolo, A., et al. (2024). Exploring the Usefulness of a Multi-Sensory Environment on Sensory Behaviors in Children with Autism Spectrum Disorder. Journal of Clinical Medicine, 13(14), 4162. https://doi.org/10.3390/jcm13144162
- Kaplan, H., Clopton, M., Kaplan, M., Messbauer, L., & McPherson, K. (2006). Snoezelen multi-sensory environments: Task engagement and generalization. Research in Developmental Disabilities, 27(4), 443–455. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/16122905/